“El cine es como un campo de batalla. Amor, odio, acción, violencia, muerte. En una palabra: emoción”.
Estas palabras, dichas por el cineasta Samuel Fuller (pero escritas por Jean-Luc Godard), son la expresión de una verdad enorme. El cine pierde toda su razón de ser si le quitamos su capacidad para provocar y evocar emociones. Las que observamos y las que sentimos.
Ahora bien, considerando que las imágenes en movimiento son capaces de gatillar en el espectador reacciones que no provienen sólo de la cabeza sino también desde su interior: ¿qué hacer con toda esa emoción? ¿Cómo darle curso?
A través de cuatro sesiones, cada una dedicada a una emoción distinta y a su expresión fílmica, y con especial énfasis en los efectos que esta temática ha tenido sobre las películas de nuestro continente y nuestro país, este taller propone una versión alternativa de la historia del cine, una que se exprese en términos de sentido y sensación.
SESIONES
Sesión I. La ira
El cine es una herramienta extraordinaria para mostrar cosas, pero ¿qué ocurre cuando estas se salen de control? La furia cinematográfica es una expresión tan particular como efectiva.
Sesión II. La tristeza
Extraño: aunque en la vida solamos rehuir los estados de tristeza, solemos buscarla en las películas, como si estas fueran una perfecta herramienta para la catarsis.
Sesión III. El miedo (y el asco)
¿Cuándo fue la última vez que te asustaste con una película de miedo? ¿Por qué la gente las consume, si generan tanta inquietud? ¿No será que somos algo adictos a esa emoción?
Sesión IV. La alegría
Así como hay gente que trata de evitar las películas tristes otros luchan con las explosiones de alegría en la pantalla. Se trata de una emoción gratificante, pero muy difícil de atrapar de manera genuina y real.
Christian Ramírez. Es periodista y crítico de cine. Desde el año 2000 es columnista en el suplemento Artes y Letras, de El Mercurio. Colabora desde 2016 con la Cineteca Nacional en la realización de talleres de apreciación y crítica de cine. Ha conducido talleres de formación para la Red de Salas de Cine y desde 2018 integra el área de formación del Festival de Cine Chileno de Quilpué, FECICH. Se ha desempeñado como profesor en la escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago y la Facultad de Estética de la Universidad Católica. Es fundador y socio de Sala K, sala de cine independiente. Junto al escritor Alberto Fuguet fue editor del libro Una vida crítica (2013), compilación de columnas del comentarista de cine Héctor Soto, publicado por Ediciones UDP (2013).