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Presentación Directora CCLM en Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados

Compartimos la presentación que Beatriz Bustos Oyanedel, Directora del CCLM, realizó el jueves 4 de junio de 2020 en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados:


La ciudad y los espacios culturales

A lo largo de la historia, las ciudades del mundo han sido polos de desarrollo que acogen, a través de cuerpos como museos o espacios culturales, la creatividad y expresiones de las culturas. A partir de ellas se construyen narrativas que se abren al amplio público que participa e interactúa en estos lugares.

Los centros culturales, a través de sus narrativas, permiten revertir las jerarquías preexistentes, otorgar visibilidad a lo aún invisibilizado, mostrar los mundos posibles, abrir instancias donde los deseos cobran vida y donde la imposibilidad se vuelve devenir. Son espacios idóneos para acoger la diversidad de las expresiones culturales y sus múltiples identidades en tránsito, las pulsiones de los diversos territorios, lo ancestral, las memorias y su sentido en el presente. Las narrativas y expresiones artísticas relevan prácticas y saberes que muchas veces son desplazados de la academia, la historia oficial o los mercados.

Centro Cultural La Moneda, ubicado en el centro cívico de la ciudad de Santiago, fundado el año  2006 bajo la Presidencia de Ricardo Lagos, nos recibe en su entrada con la  frase: Chile Pacifico y Austral. Aquí se abre a conocer y enriquecerse con las culturas del mundo.

Su ubicación estratégica en pleno centro de Santiago hace que este, el centro cultural más visitado del país, sea una instancia de tránsito, interacción y convivencia de diversos públicos. Un edificio cuya arquitectura subterránea es también patrimonio de todos quienes habitamos este territorio; un edificio que, hoy en día, es un espacio para todos y todas y que ha albergado exposiciones de excelencia, exhibiendo y privilegiando el lugar que las culturas del mundo y locales tienen en la formación y comprensión de los tránsitos de la humanidad.

Desde su creación, el Centro Cultural La Moneda ha tenido como vocación ser un espacio que acoja a la ciudadanía en toda su diversidad. La pluralidad y la reflexión crítica han guiado sus casi quince años de existencia, con exposiciones de gran envergadura y con el desarrollo de un área educativa potente y estratégica


La cultura como complemento de la escuela

Es de común conocimiento que la escuela no es el único lugar donde niños, niñas y jóvenes reciben los aprendizajes necesarios para su desarrollo integral. En tiempos actuales, en que los currículos escolares han disminuido las horas y relevancia de materias como arte, música, filosofía e historia, cobran aún mayor relevancia aquellos “otros espacios educativos”, como son los centros culturales, museos, teatros. Fortalecer su programación y su rol en la sociedad se vuelve un imperativo para complementar así la labor de las escuelas, las familias y las ciudades, proveyendo desde estos espacios instancias culturales que desarrollen, fortalezcan e instalen habilidades para la vida que son fundamentales para la convivencia y subsistencia, en una sociedad que clama por encontrar las vías que permitan una coexistencia armoniosa.

En estos tiempos de pandemia, en que nos hemos vuelto al espacio íntimo, al  hogar, tenemos la oportunidad de reflexionar juntos acerca de qué aprendizajes y en qué escenarios implementaremos los nuevos aprendizajes que se requieren para este siglo,   los entornos en  que niños, niñas y jóvenes aprenden requieren ser “repensados”, así como también “qué aprenden” y para “qué futuro”.  Las inequidades de nuestro sistema educativo nos muestran con claridad que estamos ante una nueva oportunidad para pensar la educación escolar, universitaria y técnica en otras modalidades y con otros sentidos. Retomando una perspectiva transformadora, que no perpetúe las diferencias socioeconómicas de inicio.

En este sentido, entornos públicos diversos como parques, museos, centros culturales, bibliotecas, donde se reúnen niños, niñas , jóvenes, personas mayores,  con diversidad de intereses y realidades,* resultan de  importancia a la hora de contribuir a los propósitos de la  educación, generando nuevas oportunidades de aprendizajes situados.  Entornos en los que, además de nuevos conocimientos, se puedan practicar nuevas habilidades emocionales, sociales y éticas, y con ello se contribuya a la generación de cambios de actitudes, más coherentes con principios humanistas y democráticos. No es posible aportar a una sociedad el respeto y “cuidado” por los otros y la naturaleza, si ello no se enseña explícitamente. A ello es necesario que contribuyan muchos espacios y “escenarios”, más allá de la escuela.

Los espacios culturales del siglo XXI han cumplido un rol clave en la reflexividad política y cultural de las sociedades, promoviendo la interacción social a través de la expresión de la diversidad cultural y la articulación de conocimientos compartidos con sus territorios y comunidades. Jim McGuigan (1996) refuerza la idea de que las instituciones culturales producen y circulan significados y prácticas simbólicas como en ninguna otra esfera, desplegando conocimientos experimentados directamente en la sociedad, generando nuevas realidades y relaciones imaginables y perceptibles. De esta manera, los espacios culturales poseen un inherente sentido social, al situarse como espacios abiertos, democráticos para y por las personas.

 

En la actualidad, la discusión teórica ha comprendido a estos espacios como escenarios de controversias y debates críticos–culturales, lo que según Jennifer Barrett (2012), fundamenta que la institucionalidad cultural no sería solo una plataforma de apoyo a la esfera pública, sino más bien una esfera pública de deliberación social en sí misma, en la que por más fragmentada, diversa y múltiple se presente la realidad, es posible generar instancias para que todos puedan participar equitativamente en ella.

 

De esta manera, la programación de un espacio cultural es reflejo del compromiso y responsabilidad social que la define transversalmente, planteando exposiciones, conciertos, variadas  actividades,  a través de una agenda coherente que profundice sobre lo social pero, sobre todo, generando discursos públicos que promuevan la cohesión social desde el diálogo y la diferencia, enriqueciendo las formas de ver, percibir y reflexionar sobre los imaginarios y las representaciones de aquellos relatos hegemónicos


CCLM y su rol social-cultural

Los espacios culturales pueden asegurar no solamente el acceso equitativo sino también la participación equitativa. Este tipo de instituciones permiten recorrer nuestro pasado y a la vez son una vía para imaginar futuros posibles, son foros abiertos para la comunicación y la interacción de y con los ciudadanos. Estos espacios, verdaderos reservorios de la creatividad de las comunidades que habitan un territorio, entregan también y forman parte de la identidad de una ciudad. Es así como en Santiago de Chile, polo cultural a nivel latinoamericano, el Centro Cultural La Moneda es un símbolo del encuentro de la diversidad de la que somos parte, acervo de las expresiones de nuestro territorio.

En tiempos de pandemia, en que nuestros modos de vida se ven fuertemente interpelados, creemos que el desarrollo social sustentable es posible cuando las sociedades entregan igualdad de oportunidades para el empoderamiento y la participación de sus ciudadanos. Los centros culturales son instituciones sólidas en las que las comunidades depositan sus confianzas, a través de encuentros y experiencias que potencian la horizontalidad y nuestra humanidad.  El enfoque de derechos humanos relacionado con la cultura reconoce a las instituciones patrimoniales como instituciones que colaboran con el progreso social. Estos espacios son capaces de reflejar la diversidad y dinamismos de las sociedades en razón de sus patrimonios tangibles e intangibles.

El año pasado, más de un millón de personas visitaron el Centro Cultural La Moneda. Nuestra política de inclusión considera acceso liberado a 5 salas de exhibición y para las dos grandes salas siempre, para las personas mayores, profesores, niños pequeños, y para todos y todas a partir de las tres de la tarde. Instalamos un espacio de encuentro comunitario con acceso libre a wi fi, el espíritu es ser un espacio de encuentro en lo cotidiano.  El año 2019 inauguramos Galería Cero, la primera galería dedicada a la primera infancia, que busca ser un primer encuentro con las artes y la cultura para niñas y niños desde los 0 a los 8 años. A pocos meses de ser inaugurada, más de ocho mil personas han participado de Galería Cero, y de talleres especialmente diseñados.

La inclusividad en los públicos también se ha potenciado a través de convenios de colaboración con varias instituciones, es así como hemos podido llevar a cabo: funciones especiales de cine, talleres literarios y de Tai Chi para personas mayores. La presentación de una obra de teatro actuada por la comunidad haitiana son parte de nuestro programa con inmigrantes. Junto a esto el año 2019 presentamos 12 conciertos en donde jóvenes talentos de orquestas municipales provenientes de Coyhaique, Puente Alto, Cochamó, La Legua, San Francisco de Mostazal y la Pintana, entre otros, nos cautivaron con su música, con un promedio de 2.290 asistentes cada concierto: así damos vida al Hall de CCLM. Compartir el conocimiento con otras instituciones culturales y la colaboración a lo largo del territorio, lo consideramos indispensable, es así como hemos desplegado una serie de jornadas dirigidas a mediadores de diferentes instituciones culturales del país y llegamos a Chiloé con un programa sólido para profesores de escuelas rurales.

A través de visitas mediadas a las exposiciones, apoyados con el material educativo que generamos, doscientos treinta y tres mil estudiantes de básica y media accedieron a experiencias culturales de alto nivel, fortalecimos valores como el respeto y el diálogo, bajo el eje de la interculturalidad, entendida como aprender el punto de vista y la forma de expresión de los otros, aspectos que consideramos fundamentales en la construcción de sociedades más justas e inclusivas. Una urgencia hoy día, en que constatamos el resurgimiento de movimientos antirracistas que han visibilizado la persistencia y profundidad de esta problemática.

Cineteca Nacional de Chile, que es parte de CCLM, permite que resguardemos y restauremos el patrimonio de cine nacional junto con promover a creadores chilenos y su cine, funciones en sala y Cineteca online, con su plataforma de libre acceso, permiten conocer nuestro patrimonio. Llegamos el año 2019 a 179,000 personas.

Entendiendo los espacios culturales como instancias que generan cambio social, y que las formas de desarrollo son determinadas por factores culturales, el rol de las instituciones culturales ha ganado importancia en varios estamentos a nivel mundial. Son estos espacios democratizadores, movilizadores de la capacidad de elegir de los sujetos, sustancia a la hora de pensar las relaciones de las personas con su entorno. Como un espacio de encuentro de diversas miradas, Centro Cultural La Moneda articula actividades y exposiciones que constituyen puentes para el acceso a los lenguajes y saberes de diferentes periodos de nuestra historia, explorando los vínculos históricos y patrimoniales con la contemporaneidad.

En tiempos de incertidumbre sobre el futuro, se vuelve imperativo para todos cuidar estos espacios, reservorios patrimoniales que permitirán que sea posible un desarrollo social equitativo, que garantice el acceso para todos, y que proteja el acceso al patrimonio del mundo para las próximas generaciones. La crisis por la que atravesamos a nivel global evidencia una crisis del ser humano, el medio ambiente y la forma en que vivimos. Necesitamos buscar nuevas formas más colaborativas, crear más espacios para ser mejores seres humanos, que nos permitan respirar con amplitud y ampliar nuestras visiones y entendimiento. Cuidemos nuestras instituciones y nuestras prácticas culturales, asignemos el valor que corresponde a estos espacios de relevancia patrimonial donde confluyen las expresiones diversas de nuestra identidad y donde tendrán lugar las nuevas formas de vivir, construir y desarrollarse para las próximas generaciones.

 


Beatriz Bustos Oyanedel
Directora
Centro Cultural La Moneda